jueves, 28 de mayo de 2015

“TERCIOS DE FLANDES”, LA FIEL INFANTERIA

“TERCIOS DE FLANDES”, LA FIEL INFANTERIA

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[Clipeus se honra con la reproducción del siguiente escrito, cuyo autor es el periodista Antonio Parra Galindo.]



La actualidad “apud nos” está que trina pero a mí los dimes y diretes de doña Jopé la niña de las bragas de oro la “presidenta” la hija del ganadero que de mayor quería convertirse en Tacher hispana y todos estos enjuagues de Carmona, de Carmina y de Carmena (esta señora al menos me parece una jueza inteligente) yo estoy al pairo aunque dolido y expectante llorando sobre los muros de la patria mía. Hay que largarse con la música a otra parte.
Si preguntáramos a cualquier colegial de esos que van en el autobús enfrascados en sus digitos del móvil y dando al aparatito quién era don Juan de Austria o qué pasaba con los Tercios viejos, ni sabría por donde se anda.
Y no es de ellos la culpa sino los desastrosos planes de educación que inició la Aguirre cuando era ministra de Instrucción Pública y decretó que el inglés fuera la asignatura más importante del temario.
Las nuevas generaciones gracias a esta señora que es algo burra y se las da de castiza aquí nada es lo que parece una rubia de bote y ya sabes el chocho morenote (perdonen mi lenguaje cuartelero) desconocen su propia historia. Están salvajes, apaciguadas las tribus ninis desde arriba por el gran gregarismo en el Cuadragésimo Año Triunfal de la democracia. Cuarenta tacos ya.
El sionismo de Bilderberg nos marcó los deberes, y a muchos escritores que amamos a España, se nos indicó la puerta; ahora viajamos en un vagón de tercera al exilio interior, camino de nuestro propio Auschwitz.
Paso de política y me alisto en las filas de una sección de la infantería española. La lectura es el mejor placer cruzando las barreras del espacio y del tiempo. ¡Bendito sea dios que puedo hacer lo que más me agrada!
El banderín de enganche estaba en Móstoles. Escuchad el ruido de los tambores y la música de los pífanos. Pasa el alarde  marcan los soldados el paso. Marchan  cantando:
—España mi natura, Italia mi ventura y Flandes mi sepultura.
Hay algunos sorches en la cantina. Es la hora de arriar bandera. Pronto tocarán silencio.
Viene un barrachel hacia mí. Es un tipo alto con unas espaldas de casi seis palmos anchas como el lábaro de las legiones romanas y unos bigotes engomados apuntando hacia arriba y me toma la filiación sin demasiados requilorios. No me pone ningún impedimento a pesar de mi sangre manchada de converso.
Cumplimentados los trámites de alistamiento, me entrega una chapa en la cual viene escrito mi nombre, encuadre, compañía, fecha de nacimiento. Si pasa algo el alférez sabrá quién fue baja en un ataque.
Quiero servir al rey. Valor se te supone y el sargento con voz de mando y los ojos chiquitines y maliciosos hay en su habla un cierto deje italiano porque en la compañía militan nçmuchas etnias (milaneses, calabreses, sicilianos, alemanes, zuavos, portugueses, croatas, algún griego y bastantes franceses.)
Doy tres vivas al emperador. Saco pecho. Me cuadro. Olímpica sensación.
Sus águilas triunfales me acogen. En la taberna los veteranos de un jarro que van pasando beben vino de Toledo. Es embocado, sabe algo dulzón, pero pasa bien.
Observo que aquellos infantes, desde hoy, fecha en que me alisto a la bandera, mis compañeros de fatigas, curtidos en cien batallas, muestran chirlas, jabeques y marcas de cicatrices profundas por todo el jeme, su entonación es circunspecta y dolorida cual habla de alumbrados.
Son rostros tan españoles que parecen haber aterrizado, en este banderín de levas en la villa de Mistoles, desde el cuadro de “Los Borrachos” de Velázquez. O del de “Las Lanzas”.
Parecen valientes, duros, berroqueños…picos palas y azadones. Las cuentas del Gran Capitán.
Hablan de mujeres y de desafíos. Todos votan a bríos y lanzan por esa boquita mostachuda que se han de comer los gusanos mil reniegos, porfías y porvidas. No parecen teatinos. No. Ni enagüillas. Ni chicas de la tele o muchachos de la Banda. Ni tertulieros fementidos. No
Ya soy soldado.
Uno de los cabos me entrega el equipo: una pica, un peto, un espaldar, la escarcela o fazete, brazales, manoplas, calzas, celadas blancas limpias relucientes y el indefectible morrión de acero con su visera que relucía bajo el sol en un brillo que intranquilizaba al enemigo.
Muchos hugonotes se dieron a la fuga al divisar a lo lejos aquel fatídico resplandor que anunciaba la llegada de los pabellones castellanos. Esto hay que mojarlo, me dicen mis colegas y todos bebemos a la salud del Rey nuestro Señor. Ya soy soldadito de España.
—La pica –me dice el sargento un leonés que se llama Lorenzana– téngala a cobro vuesa merced. De ella depende la vida en cualquier asechanza, fiere sin ser ferido, siempre al enemigo  alcanza.
En aquellos tiempos una pica española era tan contundente como hoy puede serlo un “Mercaba” israelí. Era la reina de las armas.
En su punta de lanza residía la fuerza y el poder mortífero del escuadrón.
Por eso se dice aquello de clavar una pica en Flandes. Medía más de palmos y pesaba un poco menos de un kilo, astil de madera o asidero y una vaina protectora que le servía de funda para que nunca se embotara. Después de cada combate había que amolarla.
Tras el toque de varas el sargento Lorenzana me larga una arenga:
—Ya, recluta, eres de los nuestros. Derramarás hasta la última gota de la sangre por la vida del emperador.
A partir de aquel día empezó mi tiempo de instrucción y al cabo de tres meses nos embarcamos en Santoña en un galeón alto de castillos, atestado de soldados que cantaban viejos romances tendidos en cubierta en los coys del camarote.
En la bodega acarreábamos la impedimenta: avantrenes y carruajes piezas de artillera, carromatos, perolas y cocinas, manteletes, picos palas azadones para los zapadores, ruedas, cuerdas, escalas, forjas, mulas de madera y caballos de Frisia para los sitios cenagosos, almocafres, alcotanas, puntas y tornillos; los acemileros navegaban cerca de la santabárbara junto a los mozos de espuela y la pólvora mucha pólvora para alimentar los arcabuces y mosquetes.
Esto que cito era sólo una parte mínima del bagaje. Infinidad de cosas llevó en su gloriosa panza el “Nuestra Señora del Rosario” que nos trasladaba a tierra de infieles. Al triunfo o a la muerte.
A las tres semanas desembarcamos en un puerto de poco bajío de los Paises Bajos. El nombre de la ciudad no recuerdo bien cómo se llamaba
En los tercios no había artillería pesada. Sólo artillería ligera que porteábamos nosotros mismos en los asaltos y montábamos rápidamente. El arcabuz, del que decía nuestro emperador Carlos V que era un invento tan mortífero, que hubiese sido mejor que nadie lo hubiese descubierto, nos salvaba la vida en los asaltos pero no valía tanto como la pica en el cuerpo a cuerpo.
El arcabuz es un cañón pequeño de mínimo afuste transportado por dos infantes que dispara bolas de plomo muy manejable con su varilla de carga, armón, rapador, pólvora que porteaban los mochileros a las espaldas.
Había que evitar, y para ello se introducía agua en vejigas de cerdo, que el fulminante se mojase. Nos fue muy útil  el arcabuz en Berbería. Los moros al oír la detonación se asustaban y el impacto de sus balas de acero de dos onzas (22 gramos) era capaz de romper una muralla.
El arcabucero que tiene que ser solerte y hábil artillero, habrá de cuidar mucho que no se caliente el ánima del cañón porque puede entonces fundirse la culata, con riesgo de explosiones y “misfiring” y hay que refrigerarlo en agua de nieve.
La pólvora la preparábamos nosotros, cuando sonaban las cajas de guerra y convocaban los pífanos  al arma, con proporciones de salitre, azufre, carbón y mecha. Los cañones eran de bronce como las campanas pero los herreros de Euscalerría o del Milanesado los fundían en hierro. La munición se la comprábamos a los judíos de Medina que eran los aposentadores nuestros, estadizos en el regimiento. Cuando nos movíamos, ellos se trasladaban siguiendo a la guarnición. Por aquellas landas con nuestra impedimenta.
En los carromatos de los enseres siempre viajaban mercaderes hebreos y detrás del convoy iban las soldaderas que eran un remedio a las necesidades fisiológicas de la tropa.
Y estas meretrices nos hacían no poco bien porque evitaban que en el asalto a las plazas y en la pecorea subsiguiente fueran las flamencas forzadas por nuestros hombres.
La violación era un delito castigado con la pena de muerte por el gran Duque de Alba.
Pero ya les iré contando más cosas de mi vida de campaña en los tercios viejos si Dios es clemente y misericordioso y sobrevivo a tantos azares.
***
FUENTE:

jueves, 21 de mayo de 2015

La persecución anticultural por parte de la Izquierda, en España

La persecución anticultural por parte de la Izquierda, en España

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JUEVES, 21 DE MAYO DE 2015


El texto que aquí se reproduce es parte de un artículo publicado por el historiador don Pio Moa en su blog PRESENTE Y PASADO, ubicado en http://www.gaceta.es
Nadie ha destruido más libros en Europa que las izquierdas españolas.Creo que soy el único historiador que ha protestado por la destrucción del archivo de la Brigada Político-social por los socialistas.PSOE de Felipe González redujo a pasta de papel los fondos de la Editora Nacional. La izquierda procedió, apenas llegada la república, a quemar valiosas bibliotecas, obras de arte y escuelas.En 1934, las izquierdas sublevadas contra la república, destrozaron la biblioteca de la universidad de Oviedo y una gran biblioteca y centro de arte en Portugalete. También hicieron volar joyas del románico en Asturias. Durante la guerra civil, las izquierdas destruyeron gran número de bibliotecas de particulares, de monasterios, valiosísimos libros antiguos, expoliaron o destruyeron innumerables obras de arte, arqueológicas, etc., algunas con el pretexto de “salvarlas”.Las quemas de las izquierdas no eran discriminatorias como las de los nazis o alguna ocasional en la posguerra española: quemaban bibliotecas enteras con libros de todas clasesTambién fueron quemados valiosos archivos y fondos editoriales “para calentarse” en Madrid. Así los archivos del Ministerio de Hacienda para caldear el edificio en diciembre del 36. En el ministerio de Instrucción Pública fueron destruidas 300 toneladas de documentos y libros.Una de las cosas más sorprendentes es que las izquierdas se digan campeonas de la cultura y muchos lo hayan creído: donde llegan, la arrasan. Hoy vivimos en un verdadero páramo cultural, cada vez más satelizado por la cultura y la lengua anglosajona, aunque esto último se debe tanto a la derecha como a la izquierda.
Durante la guerra civil, las izquierdas destruyeron gran número de bibliotecas de particulares, de monasterios…
Las quemas de las izquierdas no eran discriminatorias: quemaban bibliotecas enteras con libros de todas clases
Una de las cosas más sorprendentes es que las izquierdas se digan campeonas de la cultura: donde llegan, la arrasan
Durante la guerra, la izquierda quemó valiosos archivos y fondos editoriales “para calentarse” en Madrid
Las izquierdas quemaron los archivos del Ministerio de Hacienda para caldear el edificio en diciembre del 36
300 toneladas de documentos y libros del Ministerio de Instrucción Pública fueron destruidos por las izquierdas
El PSOE de Felipe González redujo a pasta de papel los fondos de la Editora Nacional
El PSOE de Felipe González destruyó los archivos, muy valiosos para historiadores, de la Brigada Político-social.
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NOTA de CLIPEUS: Es archisabida la abusiva propaganda de casi todos los llamados medios de
comunicación, en todo el mundo, en insistir en que la “derecha” representa el obscurantismo… Lo que es poco conocido es que, para limitarnos al siglo XX, (y sin hablar ya de las destrucciones gigantescas de obras de arte, monumentos, catedrales etc., producidas por los bombardeos aéreos sobre Europa) sólo en España… es precisamente la “izquierda” la máxima responsable de degradación y represión que habria que llamar anticultural… Un ejemplo realmente significativo es la desaparición de los fondos de la Editora Nacional, institución de muy alto nivel en cuanto a la seleccion y calidad de sus ediciones.
Publicado por klypeus en 17:37   

lunes, 18 de mayo de 2015

Algunas mujeres …adquieren malos hábitos… como fumar y beber alcohol…

Algunas mujeres …adquieren malos hábitos…

 como fumar y beber alcohol…

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LUNES, 18 DE MAYO DE 2015


Top 10 Things Lesbians Should discuss with Their Healthcare Provider
(Download .pdf Version)

Following are the health issues GLMA’s healthcare providers have identified as most commonly of concern for lesbians. While not all of these items apply to everyone, it’s wise to be aware of these issues.
1. Breast Cancer
Lesbians are more likely to have risk factors for breast cancer yet less likely to get screening exams. This combination means that lesbians may not be diagnosed early when the disease is most curable.
2. Depression/Anxiety
Lesbians may experience chronic stress from discrimination. This stress is worse for women who need to hide their orientation as well as for lesbians who have lost important emotional support because of their orientation. Living with this stress can cause depression and anxiety.
3. Heart Health
Heart disease is the leading cause of death for women. Smoking and obesity are the biggest risk factors for heart disease among lesbians. All lesbians need yearly medical exams for high blood pressure, cholesterol problems, and diabetes. Health care providers can also offer tips on quitting smoking, increasing physical activity, and controlling weight.
4. Gynecological Cancer
Lesbians have higher risks for certain types of gynecological (GYN) cancers compared to straight women. Having regular pelvic exams and pap tests can find cancers early and offer the best chance of cure.
5. Fitness
Research shows that lesbians are more likely to be overweight or obese compared to heterosexual women. Obesity is associated with higher rates of heart disease, cancers, and premature death. Lesbians need competent and supportive advice about healthy living and healthy eating, as well as healthy exercise.
6. Tobacco
Research also shows that lesbians use tobacco more often than heterosexual women do. It is easy to get addicted to smoking, even if smoking if it’s only done socially. Smoking has been associated with higher rates of cancers, heart disease, and emphysema — three major causes of death among women.
7. Alcohol
Heavy drinking and binge drinking are more common among lesbians compared to other women. While one drink a day may be good for the heart, more than that can be raise your risk of cancer, liver disease and other health problems.
8. Substance Use
Lesbians may use drugs more often than heterosexual women. This can be due to stress from homophobia, sexism, and/or discrimination. Lesbians need support to find healthy ways to cope and reduce stress.
9. Intimate Partner Violence
Contrary to stereotypes, some lesbians experience violence in their intimate relationships. However, health care providers do not ask lesbians about intimate partner violence as often as they ask heterosexual women. Lesbians need to be asked about violence and have access to welcoming counseling and shelters when needed.
10. Sexual Health
Lesbians can get the same sexually transmitted infections (STDs) as heterosexual women. Lesbians can give each other STDs by skin-to-skin contact, mucus membrane contact, vaginal fluids, and menstrual blood. It is important for sexually active lesbians to be screened for STDs by a health care provider.
Author: Tonia Poteat, MMSc, PA-C, MPH, PhD. Revised May 2012.
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NOTA para ERUDITOS, ERUDITAS y ERUDITINES Y ERUDITINAS:
Aunque en este texto en inglés se llama “LESBIANS”, es decir “LESBIANAS” a las mujeres que sienten atracción sexual por otras mujeres, lo cierto es que
LESBIANAS son solamente las mujeres naturales de la Isla de LESBOS…
y además… la mujer y poetisa más famosa como “lesbiana”… resulta que
sentía y vivió siempre como mujer de sexualidad normal… tanto es así que dicen que se suicido…por un amor no correspondido…hacia un hombre…
…Por supuesto, la intención del texto arriba reproducido es
una serie de consejor para tratar de mejorar la salud y prevenir la endermedad.
Son consejos procedentes de
http://www.glma.org/index.cfm?fuseaction=Page.viewPage&pageID=691

jueves, 14 de mayo de 2015

IN HOC SIGNO… VINCES.. 14 mayo 2015

Nunca un ministro ruso de Defensa había hecho nada igual.
Este día quedará inscrito en la historia de Rusia como una celebración realmente excepcional de la victoria sobre la Alemania nazi. El desfile —con mucho el más hermoso que he visto— fue  extraordinario, e incluyó por primera vez al Ejército chino. No cabe duda de que ante nuestros ojos se está haciendo la Historia. Pero hay otra cosa, no menos increíble, que también sucedió: el ministro de Defensa Choigou hizo la señal de la cruz en el momento de dar comienzo a las celebraciones.
Fue un momento absolutamente memorable para Rusia. Nunca en la  historia pasada ningún ministro de Defensa había hecho nada parecido. Es cierto que, según la tradición, hay que hacer la señal de la cruz al pasar debajo de la Torre del Salvador del Kremlin. Sin embargo, todo el mundo comprendió inmediatamente que en este gesto había mucho más que una señal de respeto por la antigua tradición.
El periodista ruso Víctor Baranest lo expresó muy bien: “En aquel momento sentí que, con este simple gesto, Choigou había puesto a sus pies a toda Rusia. Había en ello tanta bondad, tanta esperanza, tanto de nuestro sentido ruso de lo sagrado…”.Ver, en efecto, a este budista de Touva hacer la señal de la cruz a la manera ortodoxa envió un choque eléctrico a través de la blogosfera rusa: todo el mundo sintió que había sucedido algo excepcional.
En primer lugar, porque nadie puede sospechar que Choigou haga algo sólo “de cara a la galería”. El hombre goza de enorme popularidad y credibilidad en Rusia, y no necesita ninguna hipocresía política. Además, quienes han visto las imágenes han comprendido inmediatamente que Choigou estaba muy concentrado, muy solemne. Personalmente creo que Choigou pidió literalmente la ayuda de Dios en uno de los momentos más peligrosos de la historia rusa en la que él, como ministro ruso de Defensa, podría tener que tomar decisiones cruciales de las que puede depender el futuro del planeta.
Durante siglos los soldados rusos se han arrodillado para pedir la bendición divina antes de entrar en combate, y esto es lo que, a mi juicio, Chirgou hace hoy. Sabe que 2015 será el año de la gran guerra entre Rusia y el Imperio (aunque, a causa de la existencia de armas nucleares en ambas partes, esta guerra sólo sea de información en un 8%, económica en un 15% y militar en un 5%).
¿Significa ello que Choigou se ha convertido a la religión ortodoxa? No necesariamente. El budismo es muy abierto a las demás religiones, y no veo en tal actitud contradicción alguna. Pero que sea un budista la primera personalidad del gobierno ruso que inaugura el desfile del día de la victoria haciendo la señal de la cruz y solicitando la ayuda divina, constituye en sí mismo algo totalmente asombroso.
No puedo sino imaginarme el horror, la indignación y el desespero que el gesto de Choigou desencadenará en la “intelligentsia liberal” pro occidental de Rusia, así como en las capitales occidentales. Situando a toda Rusia y situándose él mismo en manos de Dios, Choigou ha declarado una guerra espiritual, cultural y civilizacional al “Imperio”. (**) Y sólo por esto va a pasar a la Historia como uno de los grandes hombres de Rusia.
Este “Profeta Anónimo” estuvo en  Moscú el 9 de Mayo para presenciar uno de los muchos desfiles militares que se celebraron en toda la Federación Rusa, en el llamado “Día de Europa”, precisamente para conmemorar  aquel 9 de mayo de 1945 que   inició una noche tenebrosa que   –por ley cíclica– algún día  acabará en un  amanecer… El gesto del ministro y militar  al signarse con la Cruz, como pidiendo la protección de Dios sobre Rusia …nos recuerda al emperador romano Constantino, que venció en una batalla decisiva cuando creyó leer en el Cielo “In hoc signo vinces”…
(**):  Parece obvio y necesario que la palabra Imperio, sin comillas en el texto original, debe llevarlas…pues alude a un imperio que no es el Imperio verdadero y tradicional, él único que merece ser respetado y defendido.
Este artículo de arriba, firmado por El Saker, también se publicó en

sábado, 9 de mayo de 2015

9 MAYO 2015…. ¿ Qué es lo que “todo el mundo” conmemora?

bsp;su pecorea.
Sólo en la toma de Berlin perecieron alrededor de un millón de alemanes sin contar el infierno de  los bombardeos britanicos y americanos  sobre Dresde, de HAMBURGO Y DE COLONIA. AQUELLO FUE UN VERDADERO HOLOCAUSTO perpetrados con bombas de más de mil quilos que arrojaban con el único propósito de aterrorizar y amedrentar a la población civil. Alemania ya estaba vencida y semejantes masacras no eran justificables desde el punto de vista militar. Tristes anales.
Por mi experiencia tengo a los rusos por inescrutables, desconfian de todo extranjero y pueden comportarse en la guerra como salvajes. Lo demuestra la carnicería de Berlin. Nadie habla a estas alturas de los 20 millones de desplazados desde la Prusia Oriental y Polonia. Entre ellos venía en un carrito pram el escritor Gunther Grass el padre de la “trummer literatur” o literatura de las ruinas, que acaqba de fallecer y del que dicen fue el resultado del ultraje a su madre por un tanquista soviético. Los lúgubrres redobles de su tambor de hojalada atruenan los oidos de la memoria a día de hoy, cuando muchos hombres y mujeres de buena voluntad que se ven desbordados por la propaganda que oblitera la verdad real se sienten acongojados setenta años despùés de todo aquello.
No hay que fiarse de Putin. Su semblante frío, impenetrable, recuerda a esas macabras muñecas rusas metidas en una caja. Cuando descubres una cara siempre te encuentras con otra para no llegar nunca al final. El 8 de mayo es para muchos un dia de luto pese a los desfiles en la Plaza Roja que nos hacen temblar al recordar las salvajadas de aquellos bestias del ejercito Rojo. Y seguimos pelando la cebolla..
En temas como este se demuestra la honradeZ intelectual y etica. LO NOBLE es sentir piedad por el vencido. Yo no veo contradiccion en celebrar la gesta patriotica de lis rusos…sin olvidar que ese heroismo fue rentabilizado por un regimen inspirado por el marxismo…y por otra parte honrar el heroismo del pueblo aleman…que fue obligado por los “aliados” y por los amos de los aliados a sostener una guerra desigual contra los amos del dinero. En http://www.europa89.wordpress.com se recoge el gran desfile militar de Moscu y en hirania89.wordpress.com se recoge una insidiosa y malevola informacion de la Bbc que, a la vez que celebra la victoria del ejercito rojo…hace alusion, sin dar cifras, a las violaciones de mujeres alemanas…tambien por parte de tropas “aliadas”… Pero lo mas patetico es el mea culpa del presidente del parkamento aleman…celebrando el 8 de mayo como dia de la LIBERACION…
Lo que esta claro es que Obama y sus amos lo que quieren es confrontacion y odio entre europeos, es decir, entre Rusia y la Union Europea…Tambien da algo de risa leer que Fudel Castro considera el 8 de mayo de 1945 como triunfo de la Humanidad y de los derechos humanos…
Clipeus

miércoles, 6 de mayo de 2015

BERLIN interactivo 1945 ….2015

BERLIN interactivo 1945 ….2015




Editarán este año 2015 Mein Kampf… a un precio muy alto y con miles de notas a pié de página a fin de
desautorizar cada una de las tesis del libro…

DIOS EXISTE: evidencias científicas / revisado en 17 oct25

DIOS EXISTE: evidencias científicas

Los hallazgos de los últimos años en los campos de la microbiología, la genética o la cosmología apuntan hacia una verdad trascendente: que ni el universo ni la primera célula viva de nuestro planeta pudieron nacer a causa de procesos azarosos y aleatorios, sino que su responsable tuvo que ser alguna clase de Diseñador Inteligente, como defienden en la actualidad eminentes científicos, algunos de ellos confesamente ateos… Por Miguel Pedrero
Un ejercicio habitual en la escuela primaria para que los alumnos comprendan cómo surgió la vida en la Tierra consiste en que éstos construyan cualquier clase de artilugio empleando una serie de piezas que el maestro pone a su disposición. Los chicos comienzan por un tornillo, luego una arandela, un perno, y así hasta «crear» el ingenio deseado. Algo similar ocurrió miles de millones de años atrás –suele explicar el profesor–, cuando una serie de elementos inorgánicos se unieron dando lugar a la primera célula viva, de la que derivaron evolutivamente, siguiendo las leyes de la selección natural, el resto de seres que poblaron, pueblan y poblarán nuestro planeta. Sin duda, se trata de un ejemplo excesivamente simplista pero bastante intuitivo, cuyo único fin es que unos chavales de corta edad comprendan un proceso extremadamente complejo. De todos modos, es sencillo acabar con el andamiaje de tal argumento, porque todas las piezas de las que consta el artilugio han sido diseñadas por seres humanos, y en el ensamblaje de las mismas también ha actuado una inteligencia, en este caso un grupo de escolares.
Este dilema –la existencia o no de una inteligencia creadora de la vida en la Tierra– constituye el más trascendente y encarnizado debate científico en la actualidad. De un lado del ring se encuentran los evolucionistas, para quienes la vida surgió como consecuencia de una serie de procesos naturales, en los que el azar jugó un papel fundamental. Al otro están los defensores de la teoría del diseño inteligente, cuyos «militantes» son científicos tan prestigiosos como sus oponentes. Argumentan que sólo la intervención de alguna clase de «diseñador inteligente» –sin entrar en mayores honduras metafísicas y/o espirituales– podría explicar el nacimiento de vida en la Tierra.
Durante décadas, los evolucionistas se agarraron desesperadamente a un experimento que todos hemos estudiado en la escuela. Sus responsables, en un lejano 1953, fueron dos científicos de la Universidad de Chicago: Harold Urey y Stanley Miller. Ambos crearon una mezcla formada por moléculas simples de metano, amoníaco, hidrógeno y vapor de agua, que introdujeron en una vasija con agua. Con ello pretendían emular la «sopa primordial», en la que presumían había nacido por primera vez la vida en la Tierra hace unos 3.800 millones de años. Acto seguido, sometieron la mezcla a una serie de chispas, a fin de simular los «rayos primordiales» que, según estos investigadores, actuaron como detonante para el surgimiento de la primera célula viva. Sin embargo, la realidad, despojada de toda grandilocuencia, es que únicamente obtuvieron simples aminoácidos, moléculas que deben ensamblarse para dar lugar a las proteínas, tan sólo uno de los «elementos» esenciales para el funcionamiento de una célula.
Hoy en día, hasta los más acérrimos evolucionistas saben que el experimento de Urey y Miller no explica absolutamente nada. Los aminoácidos nunca podrían haber dado lugar a proteínas porque deben ensamblarse uno seguido de otro en un orden preciso y determinado por la información contenida en el código genético de la célula –el ADN–, que es distinta para cada proteína. Pero es que, para más inri, la tendencia natural de los aminoácidos en un elemento acuoso no es unirse entre sí, como se ha comprobado repetidamente en el laboratorio… (Continúa en AÑO/CERO 281)

sábado, 11 de abril de 2015

“Los mitos del franquismo”, nuevo libro de Pio Moa / jueves, 9 abril 2015

¿Qué sintió la sociedad española tras la muerte de Franco? ¿Fue mejor la Guerra Fría en España que en resto de Europa? Pío Moa responde.
Sobre su anterior libro políticamente incorrecto, Los mitos de la Guerra CivilPío Moa cuenta que fue muy criticado, pero que todavía nadie ha conseguido argumentar en contra ninguna de sus afirmaciones. Lo mismo espera del que llega a las librerías el próximo 14 de abril, Los mitos del franquismo, una obra que su autor dedica a quienes “respeten la verdad y sientan la necesidad de defenderla”.
– Don Pío Moa, por qué un libro sobre el franquismo. ¿No está todo contado ya?
Sobre el franquismo se ha mentido tanto, tanto por franquistas como por no franquistas, que sigue siendo un gran desconocido. En general se tienen ideas muy falsas sobre aquel régimen y sobre Franco, así que este libro está dedicado a quien quiera interesarse en la difusión de estos cosas, porque va a tropezar con el muro de siencio de los medios de masas. He tratado de evitar todo tipo de mitos franquistas, porque muchos de los que han querido defender la memoria de Franco han sido muy contraproducentes, ha sido una defensa muy provinciana. Este libro no es de defensa ni de ataque, son hechos.
– Dedica un capítulo a contar a quiénes derrotó Franco. Díganos, ¿a quiénes?
No hay más que ver la composición política del Fente Popular: estalinistas, socialistas revolucionarios, radicales, anarquistas, separatistas golpistas como los de Cataluña, racistas extremados como los de Vascongadas y en general golpistas de izquierda… Llamar a este conjunto “demócratas” es un contrasentido tan absurdo como llamar a Hitler defensor de los judíos. Pero con este absurso juega una gran cantidad de historiadores.
– La anécdota por excelencia: ¿por qué llegó Franco tarde a Endaya? 
Fue por accidente nada más. No se puede analizar la Historia a partir de incidentes insignificantes como ese, pero hay cierta aficción a hacerlo.
– Pero sí habla en su libro de Hitler y de otros contemporáneos de Franco.
He comparado las figuras históricas de Franco, Hitler, Musolini… pero desde una persepectiva nueva. Franco fue un gobernante que tuvo un éxito extraordinario y dejó un país próspero y reconciliado.
– ¿Reconciliado?
Sí; sin el franquismo no habría sido posible el recorrido hacia la democracia, porque la gente no quería volver al Frente Popular. Cuando se oye decir que en la Transición se reconciliaron los españoles, no es cierto. Se reconciliaron los políticos y sobre bases a menudo falsas.
-Habla también de la Iglesia y el franquismo. ¿Cómo fue esa relación?
El franquismo cometió el error de declararse confesionalmente católico. Pero desde el Vaticano II parte de la Iglesia empieza a atacar al franquismo, de tal manera que si un régimen se proclama católico y la Iglesia dice que no lo es, el régimen se queda en el aire, en el vacío. Quien destruyó más eficazmente al franquismo fue parte de la Iglesia.
– El mundo contra Franco, dice en su libro. ¿No suena rara esta frase? Al terminar la II Guerra Mudial, prácticamene todo el mundo estaba contra Franco. Cuando se reunen Stalin, Churchill Roosevelt en Yalta parece que el franquismo está muerto y sin embargo resistió. Fue otro de los triunfos de Franco, que además se adelantó al aislamiento consiguiendo créditos para la exportación de trigo y carne con Argnetina y el aislamiento no tuvo los efectos que querían sus enemigos. – ¿Qué ha descubierto sobre la personalidad de Franco? Políticamente hablando fue un hombre muy inteligente que venció a muchos de sus enemigos, muy peligrosos y muy fuertes. Al maquis, por ejemplo, que era parecida parecida a la guerrilla de Grecia tras la II Guerra Mundial. -Ha comparado a Franco con otros líderes de la época. ¿Qué conclusión saca? La represión en España no fue, ni mucho menos, más dura que en otros países. Fue, de hecho, menos dura que en Francia e Italia y por supuesto, que en los países comunistas. Las víctimas de la represión en gran parte eran chequistas y asesinos extranjeros que habían quedado en España abandonados por sus jefes. En los años 40 había en España hambre, pero mucha menos que en el resto de Europa. Se suele decir que la gente estaba muy triste y, como dice Julián Marías, la gente estaba contenta. -Entra así en los ‘años dorados del franquismo’ A partir de 1960 se cambia la política económica y España se convierte en el país del mundo con más rápido desarrollo después de Japón y Corea del Sur. España creció mucho más rápido que el resto de Europa. -La muerte de Franco Hubo colas inmensas para ver el féretro y, según las encuestas de la época, el 80% de la población consideraba la muerte de Franco como una ‘gran pérdida’. – ¿Qué dicen de Franco las frases que pronunció?  Revelan un personaje muy equilibrado, muy sensato y con un gran valor. Además, tenía una enorme agudeza para juzgar las situaciones. Cuando Johnson (presidente de EE.UU.) le invitó a enviar tropas a luchar a Vietnam, Franco se negó y le advirtió de que perderían la guerra. Era un hombre muy clarividenete.
FUENTE:
http://www.gaceta.es/noticias/pio-moa-los-mitos-franquismo-nuevo-libro-09042015-1955

martes, 31 de marzo de 2015

España trabaja activamente en Filología y Arqueología

España trabaja activamente en Filología y Arqueología

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MARTES, 31 DE MARZO DE 2015

España trabaja activamente en Filología y Arqueología

España trabaja activamente
en Filología y Arqueología
Juicios del Dr. Stroux, de la Universidad de Berlín
Johannes Stroux (1886-1954), filólogo en la Universidad de BerlínEl doctor Stroux es un auténtico profesor alemán. Concienzudo, meticuloso, exacto; el exterior ingenuo y severo trasluce su honradez científica: jamás tergiversará un dato, una fecha, para redondear una teoría.
Su campo espiritual son los estudios clásicos, humanistas. Profesor de Latín en la Universidad de la capital del Reich. A España ha venido invitado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en su sección «Instituto Antonio de Nebrija», a hablarnos de la «Maiestas Populi Romani», y después, de «Las labores del agricultor, según Virgilio». Dos polos, dos facetas, dos aspectos de esa gran unidad cultural y vital que fue Roma.
Ha estado el doctor Stroux en Barcelona; ha estado en Salamanca, y está ahora en Madrid. Dejemos que él nos hable:
—Traigo la impresión de una gran actividad, tanto en el terreno filológico como en el arqueológico, en España. En Barcelona he contemplado con verdadera devoción todo lo descubierto últimamente en Ampurias. Como usted sabe, en Alemania está publicado elCorpus Inscriptionum Latinarum, monumento exhaustivo de epigrafía romana. En él hay un tomo consagrado a la epigrafía romana en España. Y como los descubrimientos posteriores son muchos e importantes, entre ellos los citados de Ampurias, habrá que dar muy pronto un Suplementum.
En este terreno, como en tantos otros, es deseable y provechosa la colaboración hispanoalemana. Nuestra gran tradición filológica se enriquece y a la vez fecunda los esfuerzos de un país tan enraizado en la latinidad como es España.
En Madrid, me han hecho verdadera impresión los trabajos recientes del «Instituto Antonio de Nebrija». Los Clásicos Emérita son sencillamente perfectos. Por el señor Tovar, alma de todo este movimiento y amigo particular mío, siento una simpatía profunda. También quiero citar la labor excelente que se está realizando sobre latinidad medieval y expresar mi entusiasmo por el Diccionario Latino-Español.
—¿ … ?
—Imperium y Reich son dos ideas distintas. Lo cual no quiere decir, ni mucho menos, que no se hayan influido mutuamente. Es decir, que no haya influido la idea romana del Imperium en nuestra idea alemana del Reich. Como se sabe, el Reich alemán tiene históricamente su origen en Carlomagno. Es el que nosotros llamamos «Primer Reich»: el segundo lo fue el fundado con la victoria de 1870 sobre los franceses, y el tercero, el actual, el de Adolfo Hitler. El Imperio de Carlomagno se sentía continuador del Romano, verificándose a lo largo de los siglos una como fusión de ambas ideas. Esto se expresaba en la fórmula «Das Romisches Reich deutscher Nation»; esto es, «El Imperio romano de la nación alemana».
Naturalmente, la portadora de esta tradición era Austria. Hoy, incorporada gloriosamente Austria a la Gran Alemania, toda Alemania se siente heredera y partícipe del Imperium.
—¿ … ?
—Efectivamente. Europa es una gran unidad geográfica y espiritual. Hay, de hecho, un espíritu europeo, que no hay que confundir con el llamado espíritu internacional. Los pueblos de Europa han convivido a lo largo de generaciones, y, naturalmente, se han interpenetrado, creando un denominador común de cultura.
—¿ … ?
—Es un poco difícil contestar taxativamente a su pregunta. Aún no se ha planteado en términos filosóficos este problema de la unificación de Europa; por ello, no creo que se pueda encontrar en nuestros filósofos, ni, naturalmente, en filósofo alguno, la base espiritual que justifique esta unificación. En este como en tantos casos, la Filosofía va a la zaga de la vida. Primero, el hecho; luego, su explicación.
—¿ … ?
—Más que una doctrina filosófica estricta, lo que representa nuestro nacionalsocialismo es unaWeltanschauung, una concepción del mundo. Desde luego, pudiera enraizarse en la gran tradición filosófica del idealismo alemán, pero no concretamente en este o el otro filósofo.
—¿ … ?
—En Hegel no, desde luego.
—¿ … ?
—En la actualidad sí. Por ejemplo, Bäumler, filósofo oficial del Partido, que representa la Pedagogía política.
—¿ … ?
—Una gran parte de la cultura europea descansa, desde luego, en fundamentos griegos y latinos,
—¿ … ?
—No hay que confundir los conceptos «germanismo» y «Alemania». El mundo germánico ha asimilado muchos elementos latinos y cristianos, y ello es lo que hace de Alemania el país más capaz de representar en el mundo de hoy el papel de núcleo de Europa, si ya no estuviera llamada a ello por la Geografía. El germano primitivo, con escasa o nula influencia latina o, si se quiere, mediterránea, se conserva más puramente en el Norte, en los Países Escandinavos y Finlandia, que por ello carecen de la fuerza centrípeta y la capacidad de globalización de Alemania.
—¿ … ?
—El mayor conocedor del hombre nórdico que hoy tenemos, desaparecido hace bien poco, el gran Andreas Heusler, hizo exprofeso un viaje a Islandia para aprender su idioma, la vieja lengua de los Eddas.
—¿ … ?
—En Alemania se observa un retorno a la educación clásica. En los primeros años de nuestro régimen nacionalsocialista disminuyó un tanto esta influencia. Se cerraron gimnasios clásicos, y la juventud se retrajo de estos estudios. Pero recientemente se observa un nuevo y vigoroso resurgimiento de interés por el humanismo y lo humanista. Las familias mandan preferentemente a sus hijos a aquellos establecimientos en que se enseñan lenguas clásicas.
—¿ … ?
—Por mi parte, yo estimo sumamente beneficiosa esta corriente. Creo que todos los pueblos, para salvar los fundamentos de su espíritu, han de retornar a la educación clásica, que es algo así como bañarse en fuente eterna de juventud.
—¿ … ?
—El saludo brazo en alto, no; no creo que sea tomado por nosotros de Roma ni del Mediterráneo. Recuerde usted que se llama Deutsche Gruss, saludo alemán. El saludo fascista, con la mano más levantada, sí que es romano, aunque posiblemente pudieran señalársele precedentes, hasta egipcios. Pero el nuestro, de brazo recto, es exclusivamente nuestro.
—¿ … ?
—El Cristianismo tiene gran influencia y arraigo en el espíritu eterno alemán. O dicho de otro modo: el espíritu alemán tiene muchas de sus raíces hincadas en el mundo de conceptos y de sentimientos elaborados por el Cristianismo.
—¿ … ?
—No olvide que yo le hablo a título exclusivamente personal; que yo, oficialmente, no soy más que profesor de Latín y estudiosus rerum antiquitatis.
Nos despedimos del doctor Stroux. Amablemente nos acompaña a la escalera del hotel. Y al darnos un cordial apretón de manos, nos sentimos, en cierto modo, símbolos de esta amistad cordial hispanoalemana, amistad que, desbordando terrenos puramente políticos, invade el noble y puro campo de la Ciencia.
***
FUENTE:

ESPAÑA y ALEMANIA 1942

By 
El Español. Semanario de la política y del espíritu
Madrid, 26 de diciembre de 1942
año I, nº 9
página 4

Filosofía del nacionalsocialismo
Diez años de pensamiento alemán
(1932-1942)
por Jesús Sáinz Mazpule

 
«Más que una doctrina filosófica estricta, lo que el Nacionalsocialismo representa –declaró días pasados el Dr. Stroux para EL ESPAÑOL– es una Weltanschauung, una concepción del mundo. Desde luego, pudiera enraizarse en la gran tradición filosófica del idealismo alemán, pero no concretamente en este o en otro filósofo… Bäumler, filósofo oficial del partido, representa la pedagogía oficial…»
Queremos desarrollar estas manifestaciones precisas del profesor, para que quien recuerde su lectura pueda confirmarlas repitiendo en orden lo que constituye hoy la filosofía de Alemania, al menos, la que adquiere volumen y vigencia más general y produce efectos en la política. La ideología formada en un plazo que con alguna violencia queremos limitar a diez años, pasa de los libros y cursos a los periódicos, en interpretaciones artísticas, en ensayos literarios y hasta bajo la pluma de corresponsales de guerra. Del mundo alto de abstracciones puras, caen motivos que encienden con su contacto los afanes guerreros.
El P. Iturrioz, en el prólogo a la traducción del libro de A. Delp, Existencia trágica, cree ver en la actitud guerrera del soldado alemán efectos de la filosofía heideggeriana, y se detiene a refutarnos así: «Sáinz Mazpule, al intentar bautizar el heideggerismo, ha creído que se trata de una “filosofía ñoña”, queriendo con este apelativo poner de relieve su creencia de que estas nuevas ideas son “totalmente inocuas”.» (Misión, 7 de marzo de 1942.) Con ñoñeces e inocencias tales difícilmente podrá explicarse la actitud de tantos jóvenes que en los campos de batalla se encaran con la muerte con la trágica sonrisa que en su rostro dibuja el eco inconsciente de una voz que va susurrando imperceptible: «El hombre es un ser para morir.»
Creemos, con el P. Iturrioz, que empujan a las almas de esos guerreros sentimientos filosóficos, al menos, un estado de espíritu, «una pedagogía oficial», o concepción del mundo, por la que mueren con sonrisa trágica. Pero ésta no la deben, ni mucho menos, a Heidegger. Los que caen en la gigantesca batalla de Stalingrado saben bien que detrás está una Alemania que desean grande, muy fuerte; una Alemania hegemónica; pero nada de esto han podido aprender en el análisis existencial del «Sein und Zeit» o en «Qué es la Metafísica».
En vísperas del triunfo del Nacionalsocialismo, tres direcciones filosóficas dominaban las Universidades alemanas y eran todavía artículo de exportación, dos de ellas sin eficaz competencia. El positivismo, la más vieja, con el impulso que le había impreso Ernst Mach en el último cuarto de siglo, y que se prestigiaba en algunos círculos de científicos aficionados a filosofar, con los nombres de Hans Vahinger, Johannes Rehmke, Rudolf Carnap y Teodoro Ziehen, para terminar, en 1930, con Hugo Dingler. En posición, de alguna manera contraria, por cuanto afirma la ontología, hay que situar la escuela de Brentano, autorizada después por Meinong, Husserl, Nikolai Hartmann. La tercera tendencia acentúa la «vida», con algún desprecio para las construcciones racionales. Aunque compleja de matices, puede reducirse a filosofía de la «vida» y filosofía de la «existencia».
Quizá alguien mire como descalificación el que las nuevas direcciones alemanas estén vinculadas a motivos políticos, y, al decirlo, añoren sistemas más neutrales, menos «impuros». Estos se sentirán desilusionados si se les demuestra que nunca la filosofía ha conseguido olvidar la época en que ha germinado –sin que esto sea relativizarla–, porque no hay filosofía sin filósofos; porque la filosofía son los filósofos mismos en su vida de reflexiones, y las reflexiones de esta vida y todos pertenecen a un momento del tiempo sobre un clima físico y espiritual concreto. No es de extrañar, pues, que instantes de presión política como los actuales dejen en los sistemas curvas de acoplamiento que no se explican por la consideración pura de la verdad. Porque en este orden de cosas no existe la excepción de «pureza» filosófica, y sólo, quizá, se encuentra en manuales que repiten lo que en otras épocas fue verdad viviente y que ahora es verdad truncada. Pero estos resúmenes de filosofía «pura» son, por esto, tan tristes, tan infecundos, que uno los llamaría cenotafios del pensamiento… La filosofía es algo que no se puede derivar y que hay que coger a jirones en los filósofos y en la vida, a sabiendas de que será siempre, infinitamente, una meta fugitiva y una recomendación de humildad.
El positivismo se resiente, o, mejor dicho, «es», casi en su totalidad, curva de acoplamiento, efecto histórico. Imperaba entonces el industrialismo en la economía, con su secuela espiritual de atención unánime hacia la eficacia y las medidas, con la utilidad como criterio de esta eficacia, con la vida de ciudad y sus emociones como ambiente, con desprecio u olvido de lo espontáneo y primigenio y una tremenda ceguera para las realidades exteriores a los laboratorios, para las realidades surgidas en el aire limpio, bajo la mirada plácida o tempestuosa de los cielos.
Fue, en su época reciente, una filosofía cegada por las claridades eléctricas recién estrenadas, y por no molestarse a salir de esta angustia, por hallar de buen tono las borracheras de experiencia, negaron todo lo demás. Y «todo lo demás» era nada menos que el mundo de las realidades con su simple estructura metafísica; era el alma sustancial, la posibilidad de una filosofía primera, y, por tanto, también la de una salvación. Presos en seducciones ciudadanas, civilizadas, scientistas y pragmáticas, se desacostumbraron de la visión limpia del ingenuo y desinteresado contemplador. Era una filosofía de época, un hecho singular históricamente, aunque puedan señalarse quiénes anticiparon las doctrinas. Porque el acento sentimental que le dio fervor de creencia, entusiasmo de fe religiosa, es fenómeno inglés, emergido del industrialismo. Digámoslo más concretamente: fruto de una mentalidad mercantil, practicista, vencedora en un tiempo de Europa. No en vano se citan entre sus principales propulsores y teóricos los ingleses Hume y Stuart Mill, con sus recursos de última instancia a los sentidos y a sus datos y con una interpretación estrechísima del contenido de los mismos. Obcecados por las máquinas, convirtieron en categorías sus limitaciones de visión, y hasta los fenómenos psíquicos los explicaron maquinalmente con criterios enteramente fabriles. Obra del positivismo es la psicología de los elementos, que actualmente se bate ya en plena quiebra.
Mach no aceptaba más testimonio que el de los sentidos, con descripciones empobrecedoras de sus datos, lo que, por ejemplo, le llevaba a asegurar que lo «psíquico» y lo «físico» no son más que dos aspectos de una misma sensación, indiferente en sí a que se adjudique a una u otra región ontológica.
El representante último de esta escuela es, de momento, Hugo Dingler, y procede de Mach, aunque haya sido influido por otras doctrinas que le ayudan a eludir algunos groseros errores en que aquél incurriera. Está también lejos de los «neopositivistas» del círculo de Viena –Schlick, Reichenbach, Carnap, Franck–, abiertamente hostiles a cuanto denuncia preocupación de trascender o simple afán filosófico. Dingler, por el contrario, partiendo, como Mach, de una realidad indiferenciada entre psíquico y físico, confusamente percibido por todos, cree que no se agota en la simple percepción; que esta realidad no se reduce a hecho de conciencia, sino que tiene además «flecos» que acusan algo exterior a nosotros que se impone. Esta totalidad caótica es el fondo y la forma que capta la visión ingenua, para la que las cosas son «llenos», y la materia, algo compacto que resiste, y los colores, calidades que están ahí, tales como los vemos, y el sonido y el sabor y el contacto, fenómenos exteriores, no sólo en su causalidad, sino hasta en los matices de su percepción. Sobre esta realidad difusa proyecta la ciencia rayos de mirada que alteran la primitiva imagen, leyes que corrigen el mundo del ingenuo, y la elección de estas leyes la condiciona –como en Mach– un principio de economía de pensamiento. Se trata de fórmulas que no nos garantizan la verdad, ya que no buscan ésta, sino un mayor grado de eficacia. El hombre, en su conducta intelectual, procede obediente a tales leyes, sin que la verdad tenga para él ningún sentido. Son expedientes que se revelan útiles para superar las cosas.
En el sistema de Dingler la ciencia es una red de leyes impuestas con vistas al resultado, sin que la idea de su verdad o de su falsedad signifique nada. Captamos un mundo confuso, y sobre él, sin poder superar hacia la verdad las imágenes iniciales, aplicamos paquetes de normas con que intervenimos más eficazmente. La cuestión de la verdad y del conocimiento no se plantea. Podríamos sintetizar esta posición diciendo que el mundo es así, y con él, por imperativo de un principio de economía de pensamiento, actuamos de determinadas maneras. Lo que de las cosas decimos, las leyes a que nos ajustamos, no son su verdad, no son su ser, sino fórmulas de una económica utilización.
Dingler parece olvidar que al decidir los procedimientos o formular un sistema de enunciados, no lo hacemos arbitrariamente, sino que, entre los mil posibles que se ofrecen, sabemos de unos que resultan y de otros que fracasan. Aquéllos son adecuados al fin, y éstos, heteróclitos. Tal diferencia sólo se explica por una imposición ontológica, «por una obligación de las cosas», dicho con palabras de Schiller; por su verdad, que se revela en la mayor aproximación, en la adecuación más perfecta de un procedimiento, en su mayor parentesco entitativo. Los enunciados o los expedientes que triunfan se aproximan más a la verdad que los que fracasan.
Nos atrevemos a incluir en la línea positivista el relativismo histórico en todas sus variaciones, y muy especialmente la diltheyana, que reduce el curso de la Historia y las concepciones espirituales que lo jalonan a una serie de tipos más o menos condicionados temporalmente: la de Max Weber, que entiende la filosofía como tipología comparativa de concepciones del mundo; la de Spengler, que esquematiza la Historia en círculos de cultura, sometidos a evolución orgánica, como los vegetales. Como positivista se expresa también Heisenberg al convertir en relaciones de indeterminación objetiva las relaciones de indeterminación metódicas.
Fuera del positivismo, y contrapuesta a él, se coloca la escuela de Brentano, influida por la filosofía escolásticoaristotélica y con un sentido muy agudo para interpretar los contenidos de conciencia y ver en ellos lo que los desborda. Brentano recoge la idea escolástica de «internacionalidad» de nuestra mente, y con ello abre en la filosofía un período muy rico. La teoría del objeto, de Meinong, y lasInvestigaciones lógicas, de Husserl siguieron sus caminos, este último con el programa inmediato de superar el psicologismo, al que ha vencido quizá definitivamente. Desde el punto en que estaban sus meditaciones lógicas, arrancan las Meditaciones cartesianas y se esboza el programa de una filosofía nueva, programa afanoso, como de quien ha encontrado un mundo ignorado y arde en prisas de describirlo. Las «menciones» de la inteligencia conducen a Husserl al orden de los objetos ideales, en sus distintos estratos, y se dedica a narrarnos su génesis trascendente. Entusiasmado con los hallazgos, cree que la riqueza de la conciencia y de sus datos no necesita el soporte de un mundo real, y hasta que éste es imposible. En un comienzo, y por pureza metódica, lo había eliminado, sometido a una épogé, pero al fin de su tarea lo excluye irremediablemente.
No queremos detallar este aspecto, porque existen obras en castellano que informan bien de lo fundamental de la tendencia.
Entre los discípulos de Husserl hay dos que han influido mucho en la Alemania anterior al Nacionalsocialismo, y que aun ahora pesan, sobre todo en medios intelectuales fuera de Alemania, y son Scheler y Heidegger.
El primero sostuvo, contra las consecuencias que del método fenomenológico derivaba su maestro, la realidad de un mundo aprehendido en la resistencia a nuestros impulsos; idea que debe quizá a Maine de Biran, y ha dejado, además, una doctrina ética autónoma, basada en estructuras ideales llamadas «valores». De su abundante producción, quizá lo más provechoso sea su refutación del formalismo kantiano, los diversos estudios sobre sociología del saber y la obra De lo eterno en el hombre. Scheler se convirtió al catolicismo, pero cambió muy pronto, llevado por tendencias de filosofía, un poco de estilo asiático, hacia una forma cruda de panteísmo, tal como está expresada al final de su obra El puesto del hombre en el Cosmos. Tampoco es necesario apurar aquí la obra de Scheler, sobre la que hay en nuestra lengua abundante bibliografía.
El pensamiento de Heidegger, cada vez más abandonado –¡desilusiona la infecundidad del autor después de su primera gigantomaquia!–, es imposible de resumir. Por otra parte, el libro ya citado de A. Delp, traducido por el P. Iturrioz, expone muy claramente las líneas fundamentales y nos exime de insistir.
Hay, aparte de los citados, dos pensadores que renuevan y conmueven ideas, que son Nikolai Hartmann y Ludwig Klages, pero preferimos dejarlos como tema de estudio particular para cada uno.
Las tendencias vencedoras en Alemania, al subir el Nacionalsocialismo, estaban influidas, unas, por el ambiente general científico –lo que explicaba la coincidencia entre pensadores distintos–; otras, quizá por disposiciones raciales: el idealismo de los judíos Cohen y Husserl; el vitalismo de Simmel, judío, influido por Bergson, que también lo era, y las ideas de Scheler, que ha sido llamado recientemente «semijudío». Frente a tales formas están las que constituyen la concepción del mundo nacionalsocialista, con independencia y aplicaciones políticas.
Abre marcha en la psicología Félix Krüger, que refuta los intentos de buscar en el estudio del alma la «exactitud» de las ciencias físicas, por virtud de la aplicación de sus métodos. Para él, la psicología no es ciencia de exactitudes, sin que esto quiera decir que sea ciencia de menor valor. Es ciencia de la «totalidad» del alma, de la vida interna, que, como totalidad armónica y continua a través del tiempo, hay que aprehender. Necesita, pues, conceptos descriptivos en cuyos límites, en cuya definición quepa incluir la riqueza psíquica entera, de suerte que se expliquen así muchos fenómenos imposibles por métodos distintos. El concepto de «totalidad» de Krüger es algo más amplio que el de «forma», que reduce su aplicación al estudio de los sentidos, especialmente a las formas ópticoespaciales y la conducta teleológica de la inteligencia. Krüger no desdeña tal estudio, pero amplía su esfera para que entre la vida toda, con los sentimientos, impulsos, voluntad, inteligencia, deseos y los encadenamientos de procesos que se completan en el tiempo y que constituyen las «estructuras». Entre éstas, la más central y abarcadora es el carácter. Ahora bien: esta «estructura» del carácter es algo permanente y determinativo por el ethnos, por la raza. Cuando trata de describir los tipos posibles, encuentra tres: los «analíticos», dominados por una tendencia a la descomposición; los «sintéticos», que tienden a ver unitariamente las cosas más difusas, y los grupos «formativos», los más maduros, que ensayan en el tiempo su capacidad creadora de cultura y rejuvenecen las épocas. El concepto de «totalidad» no se identifica con el escolástico de «universalidad», porque agrega a la forma abstracta de éste el peso y la riqueza de la experiencia. Las «estructuras» psicológicas, es decir, las unidades de vida psíquica que se realizan y se moldean y se terminan en el tiempo, son aplicables, fuera del individuo, a las familias, a las comunidades, a los pueblos. Hay un carácter de los individuos, y lo hay igualmente de las familias y de las naciones, y este carácter como «estructura», es decir, como totalidad de conducta unitaria en el tiempo, es algo que permanece. Krüger rechaza el positivismo, que disuelve la totalidad psíquica de los pueblos, las comunidades y las familias en individuos, y la totalidad psíquica de los individuos en sensaciones y en elementos. Rechaza igualmente las contraposiciones de vida, alma e inteligencia, como en Bergson; suprime el abismo entre vida, alma, cultura verdadera, y espíritu, civilización y voluntad, como en Klages y Spengler. Todas estas filosofías rompen en fragmentos las totalidades.
Piensa Krüger que sus doctrinas brotan del alma misma, del viejo germanismo, y que vienen decididas desde Nicolás de Cusa y de Boheme, continuadas en Leibnitz, con su filosofía de la totalidad vital, y especialmente en Goethe y en Kant, que las supone en los conceptos de «síntesis», «unidad de apercepción», y en numerosos otros.
El pueblo alemán, según él, tiene el carácter que le pertenece como estructura unitaria, fuerza de conformación y capacidad creadora para poner orden en el caos e imponer una política nueva en el Occidente.
En Erich Jaensch encontramos una tendencia similar, también con aplicaciones políticas. Había partido de los estudios de Urbantschitsch, publicados en 1907, sobre las imágenes –visiones eidéticas– con las que estableció tipos «clínicos», como entonces llamaba a los que tienen capacidad para producir estas imágenes. Sabemos que pertenecen memoria a las de la memoria, y se caracterizan por ocupar un lugar intermedio entre las imágenes consecutivas, teñidas todavía de sensación, y las ordinarias, más alejadas y desvaídas. Para producir imágenes eidéticas no se necesita una fijación tan larga como para las consecutivas, y resisten más tiempo, casi tanto como se quiera. A veces se presentan en la contemplación misma de un objeto, como algo superpuesto a su visión y con tal riqueza de detalles, que se puede leer en ellas, como si fueran el objeto mismo. Estos eran los hechos de que partió Jaensch para sus síntesis filosóficas.
En esta proximidad de sensación y representación de las imágenes eidéticas encuentra dada la unidad del yo, y lo considera un buen punto de partida para el estudio evolutivo del alma. Primitivamente, según él, sensación, representación e imagen formaban un solo hecho psíquico, se fundían en una sola presencia. Para los neokantianos, la unidad del yo era una deducción; para Jaensch es algo dado elementalmente. Según el grado de evolución de la capacidad eidética, se puede medir la juventud o el grado de madurez de las razas y clasificarlas por tipos dominantes.
Más tarde, a medida que afinaba sus estudios, ha podido distinguir tipos diversamente matizados, y mediante ellos bosquejar una tipología completa del hombre. Hay los llamados «tipos de integración», con distintos grados, a partir del más perfectamente integrado, que es un tipo muy excitable, de gran sensibilidad y de actitudes pasivas, en el que se incluyen la mayoría de los niños y de las mujeres, y algunos hombres afeminados. En este grupo abundan los de capacidades eidéticas. Hay otra forma menos integrada, con una distinción mayor, en la que el individuo se siente pegado al mundo en la medida en que éste corresponde a sus ideales y valores, y sabe establecer muy bien contraposición entre el ideal y la realidad. Un tercer tipo se caracteriza por una integración más imperfecta y dirigida, por decirlo así, hacia dentro, con una gran fijeza de carácter, de actividad y de energía
Los «tipos de irradiación» proyectan lo subjetivo hacia fuera, forjan el mundo constructivamente desde su ideología. Son tipos lábiles, y tienen inclinación a los estudios matemáticos. Propio de este tipo es el racionalismo de Descartes y el apriorismo. Mientras el tipo de integración revela unidad racial, el de irradiación acusa mezcla, y abundan en él los judíos. Hay además un tercer tipo, de menor importancia, llamado de «desintegración».
Estos tipos psicológicos prescriben cada uno su concepción del mundo adecuada. Los hombres ven lo real según esta íntima perspectiva. Los tipos integrados tienden más a la visión de totalidad que a las visiones parciales, y prefieren explicar los procesos teológicamente. En ellos se mantiene firme la coherencia entre sujeto y objeto. El tipo desintegrado –irradiativo– ve mejor las partes que el todo, y opta por explicaciones causales: las de tipo mecánico sobre las finales, y siente y afirma la distancia entre el sujeto y el objeto. La concepción del mundo de los tipos de integración, en una de sus formas, puede llamarse «idealismo de lo lejano», porque mantiene una gran separación entre la esfera de lo ideal y la esfera de la realidad. Es lo característico del idealismo alemán, y en la concepción de Jaensch aparece como la conservación de una tendencia imaginativa juvenil.
El tipo de irradiación se define por los mundos inorgánicos, las superestructuras racionales apriorísticas que fabrica, con las que quiere corregir la labilidad de su carácter sin mantener ningún contacto con la realidad. De estos tipos y de las concepciones correspondientes vale la afirmación de que el espíritu es el destructor del alma.
Esta dependencia entre las concepciones del mundo y los tipos quiere decir que las categorías están determinadas psicológicamente. Esta determinación psicológica no quiere Jaensch que se entienda como relativismo, ya que los tipos deciden las actitudes de cada individuo y su posición ante los problemas filosóficos centrales; pero nada dicen de la validez de estas posiciones.
Para Jaensch, el sentido filosófico del movimiento nacionalsocialista consiste en buscar una concepción que sea la que automáticamente corresponde a las características espirituales de la raza germánica. Principalmente lucha contra las filosofías propias de los tipos de irradiación y de disgregación, que dominan en el liberalismo y en ideología racionalista francesa. Combate también al «idealismo de lo distante», aunque es propio del tipo de integración y ha tenido muchos representantes en Alemania, y quiere superarlo, porque tal concepción significa el mantenimiento de disposiciones infantiles. El nacionalsocialismo reacciona contra el «idealismo distante» de la realidad, y quiere llevar la juventud hacia un idealismo próximo, sin contentarse con un mundo derivado de cualquier forma de «razón». Necesita satisfacciones para el hombre entero en su unidad psicofísica, tal como lo entiende la antropología. Con esto, la posición de Jaensch coincide con la de Krüger, en cuanto ambas implican repulsa del positivismo y de la filosofía del espíritu irreal –Cohen y Husserl–, así como de la filosofía de la vida y de la «existencia» –Simmel, Spengler, Heidegger–.
El neokantismo es característico de los tipos de irradiación –judíos en buena parte– por el carácter constructivo que da al conocimiento. Esta filosofía que pretende continuar la línea del idealismo alemán –perteneciente al tipo de integración– la falsifica, porque mientras aquélla admite lo ideal como objetivamente dado y percibido en una relación de coherencia, el idealismo lógico –Cohen– no ve lo ideal como un objeto presente a la conciencia, sino como una proyección de las formas de actividad de ésta. Así Jaensch, al igual que Krüger, rechaza también con idéntica energía el idealismo fenomenológico de Husserl y la filosofía de la «existencia» de Heidegger, ambas propias del tipo de irradiación. Igualmente se desdeña la manera de ver de Nikolai Hartmann, por cuanto supone un mundo de objetos ideales, de esencias, del estilo de los conceptos esenciales escolásticos, y propugna entidades de orden superior, designadas «valores», como constitutivos de una vida alta, noble y culta del hombre. Para Jaensch, coincidente con Krüger, la ética en general, los ideales propuestos al hombre, han de derivarse de una mejor consideración de sus caracteres antropológicos, es decir, de sus tendencias y sus maneras de ser. Los valores para él no son algo sobre el mundo o junto al mundo, sino algo íntimo al mundo. La cultura de lo infravital, como en el positivismo, y la de lo supervital, como en Hartmann, y el realismo de tipo escolástico, debe ser sustituido por una cultura vital enteramente, en que el ideal y la realidad se sinteticen y broten de un mismo fondo. El Logos debe ser suplantado por el hombre viviente. El espíritu no puede ser una estructura fuera o por encima de la realidad, sino algo anclado en la misma vida, espíritu vital, y así no podrá ser presentado, como en la tesis de Klages, como destructor de la vida.
Ernst Krieck no parte, como Jaensch, de una ciencia particular, la psicología, para desde ella afrontar los problemas filosóficos, sino desde la antropología total, vista en lo posible desde el nacionalismo político. En el prólogo a su obra Der mensch in der Geschischte señala: «Los alemanes no hemos entrado en la guerra mundial de 1939 con el armamento científico completo. Frente a las ciencias técnicas, deben intervenir otras encargadas de formar al hombre, ordenar la comunidad y la historia. El Gran Reich alemán sólo podrá cumplir la misión mundial que le estará encomendada después de la guerra, con ayuda de una ciencia del hombre, de la dirección del hombre, de su formación y de la formación de la comunidad y de la historia.» Krieck quiere un conocimiento no pragmático utilitario, de estilo anglosajón, sino de orden político, porque cree que sólo los pensamientos que brotan de las realidades políticas son políticamente eficaces. Esto muestra la necesidad urgente de eliminar el idealismo que concibe el mundo como una cualidad en la que se aísla un espíritu autónomo, entendido según la tradición cristianoantigua, y que es extraño al modo de ser alemán, actualmente captado. Los herederos de este retrasado idealismo que todavía tienen cátedras en las Universidades, deben ser retirados, aunque se hayan afiliado bajo las banderas nacionalnocialistas.
Al exponer la crítica de Kant, rechaza Krieck la contraposición de un sujeto que impone formas de conocimiento y estructura con sus categorías al mundo de los objetos dados. Según Kant, todos los hombres, independientemente de la raza y de la comunidad vital a que pertenezcan, dispondrían del mismo aparato categorial, aplicable a las cosas. Además de esta esencia humana común, supone la «cosa en sí», que es lo que quedaría sí suprimiéramos lo que con nuestro pensamiento conformador categorial añadimos. Este dualismo de sujeto puro y objeto tiene que ser rechazado, porque la base de toda teoría del conocimiento es la unidad de la persona, miembro de una comunidad y perteneciente al mundo. Una ley personal propia y la ley de raza determinan el conocimiento, y éste no es posible si el que conoce es radicalmente de otra especie que lo conocido. En el conocimiento no existe un yo sin un tú, y en esta pluralidad de personas implicadas en el proceso gnoseológico se funda la común «verdad» del conocimiento. Tampoco hay aparato de conocimiento idéntico para todos los hombres. Este postulado del racionalismo es falso. La especie biológica no constituye comunidad real, sino que ésta se realiza en la multiplicidad de las comunes totalidades vitales de los pueblos. Y donde no hay una comunidad formada, no hay ciencia. La ciencia alemana no es más que la expresión de la manera de ser alemana y de su esencia.
La verdad no se construye con una «razón pura», sino que es algo fundamental, dado en el carácter de la persona y de la comunidad. Sólo se puede aspirar a captar verdades eternas sobre la base de la propia existencia y de sus condiciones raciales, étnicas e históricas. Y cuando un pueblo cambia totalmente, también cambia la verdad en la historia. Hay una verdad eterna, en la medida en que hay una vida eterna. Cada verdad concreta es una forma de participación en la verdad total. Las leyes de la naturaleza son perspectivas para aclarar el mundo y la realidad condicionadas por supuestos vitales.
La eterna verdad fundamental no puede ser aprehendida de manera adecuada en un único y particular acto de conocimiento: sólo todos los hombres juntos la poseen.
Frente al relativismo, Krieck mantiene la verdad fundamental, que sólo por partes puede ser captada, al igual que en el perspectivismo tipológico de Jaensch.
Esta teoría del conocimiento de Krieck supone una antropología en la que el hombre aparece integrado por cuerpo, alma y espíritu como aspectos distintos de una misma unidad. Al dualismo de cuerpo y alma –y al de alma y espíritu, abismalmente distantes en Klages– agrega Krieck como tercer elemento el espíritu, que no es cosa traída de otros mundos, sino el conjunto de las relaciones entre hombres, de las formas comunes de lenguaje, ideas, costumbres, sentimientos, religión, cultura, derecho, economía. La comunidad es la que hace posible la existencia de los individuos como totalidades vitales, y no al revés, y con esto, la realidad del pueblo queda en la base de todo, es la unidad metafísica y compone a la vez la totalidad de la vida del hombre y la eterna.
Hay que precisar también el concepto de vida, que en Krieck se extiende a todo el ser. Esta imagen biológica del mundo, que tiene antecesores en Paracelso y en Goethe, se contrapone al mecanismo positivista. De este modo aspira Krieck a salvar el abismo entre lo inorgánico y lo orgánico, y entre la naturaleza y el espíritu. Todo es vida. Las ciencias de la naturaleza y las del espíritu no quedan ya separadas desde su fondo, ni el cuerpo, alma y espíritu pueden ser considerados como entidades metafísicos distantes, sino unidos dentro del concepto comprensivo de la «vida». La naturaleza condiciona y soporta a la historia, y la historia imprime su cuño a la naturaleza.
Cree errónea la idea de Kant de que el hombre ponga en contacto dos mundos: el de la causalidad y el de la libertad trascendente. Para Krieck, la actividad creadora humana pertenece también a la naturaleza del hombre, y ella le distingue de las otras formas orgánicas; pero en modo alguno revela esencia diferente en que se contraponga el mundo de la libertad al mundo de la causalidad. La voluntad humana entra como un factor causal en la naturaleza, y a su vez es causal también el efecto del hombre sobre el hombre, llamado hasta ahora espíritu. La fuerza que hace la historia, ¿es acaso menos fuerza que la de las máquinas? No son, pues, según este pensador, dominios separados el de la naturaleza y el de la historia, sino que hay unidad entre ambos, constituida por el Todo viviente.
La victoria del nacionalsocialismo no fue una victoria de masas, porque no se trató en el caso de vencer o ser derrotado, sino de servir. Cada miembro agota sus deberes y la tarea central de su vida en el servicio de la comunidad que constituye el sentido de sus personas. El Estado es el que cumple las tareas generales y el que impone los signos de presencia de una nación en la historia. Los pueblos que carecen de Estado, carecen por lo mismo de historia. El Estado no es una superestructura de tipo técnico, ni una forma social orgánica más crecida, como creía el romanticismo, sino que el Estado es el Führer. Él es el motor de la historia, y por su virtud sé pasa del orden de lo posible al orden de lo real. El partido nacionalsocialista representa en Alemania el lado dinámico frente al Estado, que es lo estático. Este dualismo Movimiento-Estado no es más que un compromiso entre la revolución y la reacción, pues el Estado, progresivamente, tiene que ser eliminado a medida que dentro del Movimiento se van formando los hombres con capacidad creadora; en especial, las promociones jóvenes educadas en el nuevo espíritu.
En la comunidad, que da las últimas instancias de esta concepción filosófica, radican la verdad y la moral. Los conceptos éticos son sólo conceptos normativos que regulan la relación entre un acto y la comunidad. La medida básica del valor hay que captarla en los valores raciales, entre los cuales destacan el del honor y el de la fidelidad. La mayor capacidad de servir al Führer da la medida de la valía de un alemán, pues el Führer es la personalidad en sentido propio, la que obra supremamente, y como tal, crea la personalidad libre: él es el creador de las leyes, y obedece sólo a la necesidad interna que le compromete con el honor racial y la fidelidad al pueblo.
Alfredo Baeumler, que, como declaró el Dr. Stroux, representa la pedagogía oficial, apenas agrega ideas nuevas a las expuestas, pero da tono más agudo a la afirmación de originalidad creadora del espíritu germánico, y emplea palabras más decisivas sobre lo decisivo de la política.
Para él, hay dos realidades culturales claras: el germanismo y el cristianismo. Este presenta una hostilidad manifiesta contra el mundo al subordinarle a medidas extramundanas. El mundo es contingente frente a Dios y las exigencias de orden moral, que son eternas. El idealismo, según Baeumler, es herencia cristiana, y por esto lo rechaza como extraño a lo germánico. La igualdad democrática proclamada por Rousseau, y el que todos seamos semejantes ante Dios, no son ideas germánicas, porque destruyen la vida al igualar las diferencias de nivel de fuerzas, y hace posible que prevalezcan quizá los valores inferiores. Los más altos para él son: la vida, la fuerza, la capacidad creadora de las razas, y en esto radican las diferencias de valor y de dignidad entre los pueblos y entre los hombres. Este es el tema capital de una gran parte de sus exposiciones. También en la interpretación de la voluntad hay diferencia entre sus puntos de vista y los más corrientes en los pueblos latinos, de herencia grecorromana y cristiana. Que la voluntad tienda hacia un fin y que en su logro se satisfaga le parece una idea «oriental», frente a la cual presenta la voluntad germánica que goza con la simple acción, en un constante fieri e incansable activismo.
No hay instancia superior a la vida y por la que pueda ésta calificarse, y el intento de buscarla se llama nihilismo, por cuanto destruye los valores vitales, los niega o los rebaja. Siendo esto así, el Estado no es entidad moral que tenga por fin establecer la justicia entre los ciudadanos, sino el instrumento por el cual una comunidad toma conciencia de su poder y da señales de eficacia en la historia. El Estado es una expresión de la lucha por el Poder. Las ideas, los valores, la verdad, enraízan en nuestra esencia de hombres, miembros de una comunidad racial que no tiene que justificarse ante nadie, porque ella misma es su justificación. La mayor tacha moral que pudiera lanzársele sería la de su ineficacia histórica. No somos entes que contemplan, dirá Baeumler, sino entes que obran. Hitler es el Jefe del pueblo alemán porque en él, de una manera misteriosa, las fuerzas inéditas del germanismo han hallado encarnación, y él es instrumento de estas fuerzas y de esta corriente vital.
La obra de Hans Heyse –Idee und Existenz, 1935– es reveladora en esta misma serie de exposiciones. Intenta el autor nada menos que resolver el problema de la unión de la existencia y de la idea, de lo teórico y ateórico, de la filosofía y de la vida, trasladándose en la historia al momento en que esta antinomia no existía aún. En este empeño renueva las interpretaciones de las ideas platónicas. Platón quiso en su teoría de las ideas –según Heyse– mantener la unidad del hombre y de la comunidad contra las tendencias de la sofística. La esencia y el valor del hombre radican en su dependencia de la comunidad, que es la que unifica todas las funciones. La Idea es el principio que liga indisolublemente al hombre con el Estado, y a la vez con el orden total del ser y de la vida. El problema de las ideas no puede ser resuelto con una reflexión sobre individuos aislados, sino en la unión del hombre con la totalidad del orden metafísico del ser, y esto sólo puede hacerse desde la existencia histórica y sus relaciones con el Estado. La Idea es la forma del verdadero existir en el Estado histórico. No es, pues, un ser transcendente, separado de las cosas, sino la forma de participar en la existencia histórica. En la medida en que un hombre participa tiene una esencia, una naturaleza y forma permanente que le constituye en hombre.
La idea de «forma» aristotélica tiene esta misma explicación. Sostiene además el autor que el cristianismo judaizó esta unión griega de idea y de existencia, y quedó oscurecida la manera de ver de los griegos y de los germanos, sobre todo cuando San Agustín hace de las ideas platónicas conceptos en la mente de Dios según los cuales es creado el mundo. La Idea pasó, con él, a ser algo trascendente, situado fuera de lo concreto y con existencia en un mundo abstracto.
Para Heyse, como antes para Jaensch, el deber tiene que derivarse del ser del hombre, y la nueva filosofía busca esta vinculación. La filosofía actual tiene que salvar del caos los valores, restableciendo la unión entre existencia e idea, entre los valores de toda especie y el hombre mismo. La filosofía alemana actual tiende a alcanzar valores supremos en el proceso político de realización del Reich, partiendo de los valores ya descubiertos en la existencia misma del pueblo. La verdad de la existencia histórica alemana en el nuevo Reich será el contenido capital de la filosofía.
Con leves variaciones, dentro de la misma tendencia, se mueven las teorías de Rosemberg, de E. G. Kolbenheyer, de Wilhem Burkamp, de Arnold Gehlen, de Hermann Schwarz, de Schuldze-Boelde y otros; pero no podemos extendernos más.
Estas tendencias filosóficas, tan radicales en sus consecuencias y distantes de nuestra manera de pensar, son un hecho europeo, y no debe ignorarse, como tampoco se ignoró en su tiempo el mensaje original, y no menos extraño de Nietzsche. Este pueblo alemán, que ha dado al pensamiento las formas más originales de especulación, presenta ahora variedades verdaderamente revolucionarias; pero no más revolucionarias que la presente guerra y la tremenda crisis espiritual en que se debate el mundo.
Carece totalmente de interés agregar como término nuestro punto de vista sobre estas ideas. Es evidente que no las podemos compartir; pero esto no nos exime, ni exime a nadie, de prestar atención a concepciones que ahora mismo, y ante nuestros ojos, están naciendo. Coinciden ellas con el hecho tremendo de la guerra, y quizá expliquen en buena parte el heroísmo de un pueblo magnífico que riñe con todas sus potencias una lucha por el destino, como potencia y por la suerte de Europa.
Por lo demás, tenemos que concluir con orgullo que España forma hoy una reserva espiritual que Europa necesita, y que quizá en un mañana no lejano tenga que agradecernos…
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FUENTE:
El Español. Semanario de la política y del espíritu
Madrid, 26 de diciembre de 1942

Publicado por klypeus en 12:51   

Un ejercicio habitual en la escuela primaria para que los alumnos comprendan cómo surgió la vida en la Tierra consiste en que éstos construyan cualquier clase de artilugio empleando una serie de piezas que el maestro pone a su disposición. Los chicos comienzan por un tornillo, luego una arandela, un perno, y así hasta «crear» el ingenio deseado. Algo similar ocurrió miles de millones de años atrás –suele explicar el profesor–, cuando una serie de elementos inorgánicos se unieron dando lugar a la primera célula viva, de la que derivaron evolutivamente, siguiendo las leyes de la selección natural, el resto de seres que poblaron, pueblan y poblarán nuestro planeta. Sin duda, se trata de un ejemplo excesivamente simplista pero bastante intuitivo, cuyo único fin es que unos chavales de corta edad comprendan un proceso extremadamente complejo. De todos modos, es sencillo acabar con el andamiaje de tal argumento, porque todas las piezas de las que consta el artilugio han sido diseñadas por seres humanos, y en el ensamblaje de las mismas también ha actuado una inteligencia, en este caso un grupo de escolares.
Este dilema –la existencia o no de una inteligencia creadora de la vida en la Tierra– constituye el más trascendente y encarnizado debate científico en la actualidad. De un lado del ring se encuentran los evolucionistas, para quienes la vida surgió como consecuencia de una serie de procesos naturales, en los que el azar jugó un papel fundamental. Al otro están los defensores de la teoría del diseño inteligente, cuyos «militantes» son científicos tan prestigiosos como sus oponentes. Argumentan que sólo la intervención de alguna clase de «diseñador inteligente» –sin entrar en mayores honduras metafísicas y/o espirituales– podría explicar el nacimiento de vida en la Tierra.
Durante décadas, los evolucionistas se agarraron desesperadamente a un experimento que todos hemos estudiado en la escuela. Sus responsables, en un lejano 1953, fueron dos científicos de la Universidad de Chicago: Harold Urey y Stanley Miller. Ambos crearon una mezcla formada por moléculas simples de metano, amoníaco, hidrógeno y vapor de agua, que introdujeron en una vasija con agua. Con ello pretendían emular la «sopa primordial», en la que presumían había nacido por primera vez la vida en la Tierra hace unos 3.800 millones de años. Acto seguido, sometieron la mezcla a una serie de chispas, a fin de simular los «rayos primordiales» que, según estos investigadores, actuaron como detonante para el surgimiento de la primera célula viva. Sin embargo, la realidad, despojada de toda grandilocuencia, es que únicamente obtuvieron simples aminoácidos, moléculas que deben ensamblarse para dar lugar a las proteínas, tan sólo uno de los «elementos» esenciales para el funcionamiento de una célula.
Hoy en día, hasta los más acérrimos evolucionistas saben que el experimento de Urey y Miller no explica absolutamente nada. Los aminoácidos nunca podrían haber dado lugar a proteínas porque deben ensamblarse uno seguido de otro en un orden preciso y determinado por la información contenida en el código genético de la célula –el ADN–, que es distinta para cada proteína. Pero es que, para más inri, la tendencia natural de los aminoácidos en un elemento acuoso no es unirse entre sí, como se ha comprobado repetidamente en el laboratorio… (Continúa en AÑO/CERO 281)
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